PARTE 2: La herencia que expuso un asesinato
El abogado de Arthur, Richard Hayes, documentó todo con cuidado.
El nuevo fideicomiso incluía la empresa, propiedades, inversiones y ahorros de Arthur.
"Todo pertenecerá a Caleb Miller", afirmó Arthur con firmeza.
Vanessa no recibiría nada.
Y si las pruebas demostraban que ella causó su muerte, la grabación se entregaría directamente a las autoridades.
Arthur había grabado en secreto la confesión de Vanessa cuando ella admitió haberle envenenado.
Sus palabras eran innegables.
"La digoxina hizo su trabajo."
"Julian y yo disfrutaremos cada céntimo."
Tres días después, Arthur falleció.
Vanessa recibió la noticia temprano por la mañana.
En vez de llorar, celebró.
"Se ha ido", le dijo a Julian mientras abría el champán.
Organizó un pequeño funeral y actuó como una viuda afligida, pero por dentro ya estaba planeando su nueva vida.
Una semana después, comenzó la reunión de la finca.
Vanessa llegó vestida con ropa negra y cara, con Julian a su lado y un abogado poderoso.
Caleb se sentó en silencio al otro lado de la habitación.
Richard abrió los documentos.
"Según los últimos deseos de Arthur Vance, toda su herencia será transferida al señor Caleb Miller."
Vanessa se quedó mirando incrédula.
"¿A él?"
Golpeó la mesa con la mano.
"¡Solo es un celador!"
Richard se mantuvo tranquilo.
"Los documentos fueron firmados con confirmación médica, testigos legales y pruebas en vídeo."
Luego puso la grabación.
La propia voz de Vanessa llenó la sala.
"Estoy cansado de fingir que te quiero."
"La digoxina funcionó."
"Julian y yo disfrutaremos de todo."
Su rostro palideció.
