**Resultado pendiente.**
La operación de Linda se extendió mucho más allá de nuestro matrimonio.
Había pasado décadas acumulando influencias e identificando a personas vulnerables cuyas finanzas podían ser controladas.
Ryan fue tanto su cómplice como su creación.
La búsqueda se volvió más urgente cuando apareció humo en el sótano.
Ryan, que había logrado salir de la custodia temporal gracias a uno de los contactos de Linda, había regresado en secreto para recuperar una caja fuerte metálica y destruir documentos.
Los agentes detuvieron el fuego antes de que se extendiera por la casa.
Dentro de la caja fuerte había certificados de nacimiento, archivos de custodia, papeles de adopción y pruebas de que Linda había experimentado con otras identidades antes de usar el nombre Ryan Hale.
También había un documento antiguo con mi apellido de soltera.
Tenía solo tres años cuando Linda conoció a mi familia por primera vez.
Una nota de colocación privada me describía como posible niña para uno de sus programas. Mi padre se negó a cooperar.
En la parte inferior estaba escrito:
**Candidato rechazado. Padre rechazó el traslado. Vigila el apalancamiento futuro.**
Durante todos esos años, creí que Ryan me eligió porque resentía mi carrera y quería controlar mis bienes.
La verdad era peor.
Linda me había notado décadas antes de que yo le conociera.
Recordó a mi familia, siguió mi vida y, finalmente, puso a Ryan en mi camino.
Los investigadores encontraron posteriormente registros pertenecientes a varias otras mujeres, incluida la capitana Alina Price, una oficial que había desaparecido de la vida militar años atrás tras supuestamente dimitir.
Ryan y Linda falsificaron los documentos de dimisión de Alina e intentaron quedarse con sus ahorros para la jubilación.
Un testigo finalmente ayudó a los investigadores a localizarla viviendo bajo otro nombre en un refugio para mujeres.
Alina había escapado, pero permaneció oculta porque creía que las conexiones de Linda podían destruir su carrera.
Después de verme asumir el mando públicamente sin ocultar mi cabeza rapada, aceptó testificar.
Ya no éramos mujeres separadas atrapadas dentro de mentiras distintas.
Fuimos testigos.
Y los testigos cambiaron el equilibrio de poder.
