"Quiero un matrimonio de verdad", dijo. "Sin condiciones legales, sin trato ni deuda entre nosotros."
Un año antes, el miedo podría haberme hecho confundir rescate con amor.
Pero ahora la hipoteca estaba pagada, la casa estaba segura y mi relación con Jenna estaba sanando. Ya no le debía nada a Víctor.
Esa libertad me permitió elegirle honestamente.
Cogí una llave nueva de latón del cajón de la cocina y se la puse en la mano.
"Has ahorrado la hipoteca", dije. "Jenna y yo salvamos la casa."
Víctor esperó sin asumir que la llave le pertenecía.
"Quédate", le dije. "Esta vez, no porque ninguno de los dos tenga que hacerlo."
Entonces abrí la puerta e invité a que pasara.
Por primera vez en años, cada decisión fue realmente mía.
