Un mes después, los fondos se compensaron.
Pete transfirió cada dólar a nuestra cuenta.
George le llamó inmediatamente.
"Has enviado demasiado."
Pete se rió en voz baja.
"No. Envié justo en el punto justo."
"No puedo con todo esto", repitió George.
"Puedes. Solo llévame a cenar y quedamos en paz", bromeó Pete.
George sonrió.
"Te invitaré a cenar tantas veces como quieras."
Algunas promesas requieren años para cumplirse.
Y a veces el mayor error es no prestar dinero a alguien.
Es creer que olvidaron lo que debían cuando siempre estaban cumpliendo la deuda en silencio.
Pero la verdadera pregunta sigue siendo:
Si alguien dañara tu confianza durante años, solo para descubrir que había estado trabajando en privado para cumplir su promesa todo el tiempo, ¿podrías perdonar todos esos años de dudas?
¿O el dolor sería demasiado profundo para liberarse?
