"No discutas."
Una leve sonrisa apareció.
"No tenía pensado hacerlo."
Esa noche preparé la sencilla sopa de pollo con fideos que él solía preparar cuando yo estaba enferma de niña.
Nos sentamos juntos en su pequeña mesa de cocina y hablamos de cosas cotidianas.
El perro de su vecino.
Un proyecto de construcción al otro lado de la calle.
Un libro que intentaba terminar.
Nada dramático.
Nada sobre Natalie.
Nada sobre herencias o abogados.
Y en algún momento de esa comida tranquila, me di cuenta de que por fin estábamos teniendo la conversación que papá había deseado en su carta del hospital.
No porque todos los problemas se hubieran resuelto.
No porque supiera lo que haría con mi matrimonio.
Sino porque el hombre que estaba frente a mí había hecho lo que siempre había hecho.
Me dio todo lo que pudo.
Luego confió en que yo decidiera qué venía después.
