Después de que todo terminó, Ethan presentó los papeles de anulación.
"Te mereces la elección que te han robado", le dijo. "Sin contrato. Sin presión. Sin deudas. Simplemente recuperar tu vida."
Claire le miró.
"¿Y qué quieres?"
Ethan sonrió suavemente.
"Tiempo. Tiempo honesto."
Claire tomó su mano.
"Bien. Luego la cena primero. Ya veremos después."
Un año después, se casaron de nuevo.
No en la fría capilla familiar, no bajo amenazas, no como parte de un trato.
Se casaron en el jardín de Santa Inés, bajo luces blancas y hojas de verano.
Esta vez, Ethan se quedó sin bastón.
Esta vez, Claire caminó por elección.
Y cuando dijo "Sí, acepto", ya no parecía una frase.
Se sentía como una puerta abriéndose.
A veces los dormidos oyen.
A veces el regreso olvidado.
Y a veces, una mujer vendida en la historia de otra persona se convierte en la que reescribe el final.
