Sarah apartó el plástico protector.
Su respiración se cortó de inmediato.
Toda la sangre desapareció de su rostro.
—¿Qué demonios es eso? —susurró.
Me alejé del espejo y caminé hacia el armario.
Mis ojos recorrieron lentamente la percha.
No había seda marfil.
No había encaje.
En lugar de mi vestido soñado colgaba una pesadilla hecha con telas barat
