La imagen es impactante incluso para quienes no tienen conocimientos médicos.

Las piernas suelen ser las primeras en mostrar este tipo de señales porque la gravedad juega en contra. El corazón tiene que trabajar más para hacer que la sangre regrese desde los pies hasta el resto del cuerpo. Cuando algo falla en ese recorrido, ya sea el corazón, los riñones, el hígado o las venas, el líquido comienza a acumularse donde menos resistencia encuentra: abajo.

Una de las causas más comunes está relacionada con problemas circulatorios. Las venas de las piernas tienen válvulas que ayudan a empujar la sangre hacia arriba. Cuando esas válvulas se debilitan o se dañan, la sangre se estanca y el líquido se filtra hacia los tejidos. Esto ocurre con frecuencia en personas que pasan muchas horas de pie, en quienes tienen antecedentes familiares o en quienes han sufrido trombosis.

Otra causa importante tiene que ver con el corazón. Cuando el corazón no bombea con la fuerza necesaria, la sangre no circula adecuadamente y el líquido se acumula en zonas dependientes como las piernas y los pies. En estos casos, la hinchazón suele empeorar al final del día y mejorar un poco al elevar las piernas, aunque nunca desaparece del todo.

Los riñones también juegan un papel clave. Son los encargados de filtrar los líquidos del cuerpo y eliminar el exceso a través de la orina. Cuando no funcionan correctamente, el cuerpo retiene agua y sal, y ese exceso termina manifestándose en forma de edema. Muchas veces, las piernas hinchadas son una de las primeras señales visibles de un problema renal que aún no ha dado otros síntomas claros.

El hígado, aunque menos mencionado, tampoco queda fuera de la lista. Las enfermedades hepáticas pueden alterar la producción de proteínas esenciales para mantener el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Cuando ese balance se rompe, el líquido se escapa de los vasos sanguíneos y se acumula en los tejidos, provocando hinchazón no solo en las piernas, sino también en el abdomen.

No se puede dejar de lado el efecto de algunos medicamentos. Ciertos tratamientos para la presión arterial, antiinflamatorios, hormonas o fármacos para la diabetes pueden provocar retención de líquidos como efecto secundario. En estos casos, muchas personas no asocian la hinchazón con el medicamento hasta que el problema se vuelve evidente.

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