2. Sus grasas no deben verse como enemigas
Durante mucho tiempo, muchas personas evitaron los frutos secos porque contienen grasa y calorías. Sin embargo, no todas las grasas tienen el mismo efecto.
Las nueces aportan principalmente grasas insaturadas. Estas cumplen funciones importantes en la formación de membranas celulares, la absorción de vitaminas y la producción de determinadas sustancias necesarias para el organismo.
La verdadera cuestión no es eliminar todas las grasas, sino elegir mejores fuentes y controlar las cantidades. Sustituir un aperitivo ultraprocesado por una pequeña porción de nueces puede ser una decisión nutricionalmente favorable.
Eso no significa que deban consumirse sin límite. Al ser energéticamente densas, resulta fácil ingerir una cantidad considerable sin darse cuenta. Una pequeña porción suele ser suficiente para aprovechar sus nutrientes.
3. Pueden ayudar a controlar el apetito
Las nueces combinan grasas saludables, fibra y proteína vegetal. Estos tres elementos requieren más tiempo para ser procesados que los carbohidratos refinados consumidos de manera aislada.
Por esta razón, una porción de nueces puede producir una sensación de saciedad más duradera que una galleta, un dulce o una bebida azucarada. Esta característica puede ayudar a evitar el picoteo constante entre comidas.
No se trata de que las nueces “quemen grasa” o provoquen una pérdida automática de peso. Su posible utilidad está relacionada con el control del hambre y con la sustitución de productos menos nutritivos.
Una persona que añade grandes cantidades de nueces a todas sus comidas sin ajustar el resto de su alimentación podría consumir más energía de la que necesita. En cambio, utilizarlas de forma moderada como reemplazo puede facilitar una alimentación más satisfactoria.
4. Podrían favorecer una respuesta más estable después de comer
