La reacción de Carla
A la mañana siguiente, Carla vio el vestido colgado en mi puerta.
"Por favor, dime que no hablas en serio", dijo, y luego estalló en carcajadas. "¿Qué es eso?"
"Mi vestido de graduación", respondí.
Ella se rió aún más. "¿Ese desastre de remendos?"
Noah salió de su habitación, con la cara roja.
"Lo llevo puesto", dije con firmeza.
Carla se burló. "Si llevas eso, todo el colegio se reirá de ti."
La voz de Noah temblaba. "Lo he conseguido."
Sonrió cruelmente. "Eso lo explica todo."
Di un paso adelante. "Basta. Prefiero llevar algo hecho con amor que algo comprado robando a niños."
El pasillo quedó en silencio. Sus ojos cambiaron. "Lárgate de mi vista antes de que diga lo que pienso."
Noche de graduación
De todas formas, llevé el vestido. Noah cerró la cremallera trasera, con las manos temblorosas.
"Si una persona se ríe", susurré, "la estoy atormentando."
Sonrió. "Bien."
Carla también vino, teléfono en mano, lista para grabar mi humillación. Incluso le dijo a alguien: "Tienes que venir pronto. Necesito testigos para esto."
Pero la gente no se reía. Se quedaron mirando—asombrados.
"¿Espera, tu vestido es vaquero?" preguntó una chica.
"¿Lo compraste en algún sitio?" dijo otro.
Un profesor le tocó el pecho. "Esto es precioso."
