A la mañana siguiente...
Richard solicitó una reunión privada.
William aceptó.
Eleanor también.
Se encontraron en una sala de conferencias tranquila con vistas a la ciudad.
Richard habló primero.
"Te debo una disculpa."
Eleanor permaneció en silencio.
"Te juzgamos mal."
"Sí."
"Espero que nos perdones."
Otro largo silencio.
Por fin...
Eleanor habló.
"Ya te he perdonado."
Richard parecía aliviado.
Luego continuó.
"El perdón no borra las consecuencias."
El alivio desapareció.
"Estabas dispuesto a confiarnos miles de millones."
"Lo estaba."
"¿Qué ha cambiado?"
"Revelaste tu cultura antes de que firmáramos."
Se inclinó suavemente hacia adelante.
"Si la amabilidad desaparece en el momento en que alguien parece ordinario..."
“… ¿Cómo trataría su personal a los residentes mayores cuyas familias ya no pueden permitirse el lujo?"
Nadie respondió.
Porque todo el mundo lo sabía.
Esa única pregunta importaba más que cualquier contrato.

La fundación canceló las negociaciones.
La noticia se difundió con cautela.
No como escándalo.
Por principio.
Varios miembros de la junta dimitieron.
