Y por primera vez en diez años, Hannah no sintió la necesidad de huir.
Porque por fin entendió algo doloroso, pero liberador:
A veces una familia no se destruye por una sola mentira.
Es destruido por todo cobarde que decida obedecerlo.
Y se reconstruye, si es que puede reconstruirse, por una persona lo suficientemente valiente para decir la verdad.
