Helen leyó cada línea.
No hay resultados de pruebas.
No hay piezas dañadas.
Solo un precio enorme y explicaciones vagas.
"¿Probaste personalmente la compresión?"
"Sí."
"¿Los cuatro cilindros?"
"Sí."
"¿Cuáles eran las lecturas?"
Kyle la miró directamente.
"Todos menores de noventa."
Fue entonces cuando Helen dejó de darle oportunidades.
Metió la mano en su bolso de flores.
Más allá de su cartera.
Más allá de la vieja cinta métrica de Nathaniel.
Y sacó un informe doblado.
Lo dejó sobre la encimera.
"Lee la fecha."
Kyle bajó la mirada.
Tres días antes.
Entonces vio los resultados.
Los cuatro cilindros estaban normales.
Al final estaba la firma de Rebecca.
Su rostro cambió.
"Aquí dice que el motor ha pasado."
"Sí."
"Hace tres días."
"Sí."
Kyle parecía nervioso.
"Los motores pueden cambiar rápido."
Helen le miró.
"¿De sano a completamente destruido en setenta y dos horas?"
No tenía respuesta.
"Enséñame la parte dañada."
Silencio.
"No hemos abierto el motor."
"Muéstrame los resultados de hoy."
"La máquina no los salvó."
Helen colocó el informe junto a su factura.
"Me dijiste que mi motor estaba destruido. Pero no tienes partes dañadas, ni resultados, ni pruebas."
Kyle cogió la factura.
"Vamos a romper esto y empezar de nuevo."
Helen puso la mano sobre el papel.
"No lo toques."
