Parte V: El veredicto del carpintero
Marilyn intentó hacerse la víctima, llorando por sus "años de dificultades". Pero Camille abrió un portátil. "El día que te fuiste", dijo Camille, "no dejaste solo una nota. Firmaste una exención legal a cambio de cinco mil dólares del fondo de emergencia familiar—dinero que papá te dio para que pudieras 'empezar de nuevo' con ese tipo en Atlanta. Tenemos el documento notarial."
El rostro de Marilyn se puso blanco como la tiza. "¡Era joven! ¡No sabía lo que estaba haciendo!"
Entonces, Ray entró en la habitación. No parecía el padre de un multimillonario; Parecía un hombre que había pasado su vida trabajando. Se acercó directamente a la mujer que no había visto en tres décadas. "Tienes razón, Marilyn", dijo suavemente. "Las chicas no saben lo que es vivir con 'nada'. Porque me aseguré de que nunca sintieran el 'nada' que dejaste atrás."
Enumeró los momentos: las fiebres de 104 grados, los trofeos de matemáticas, las noches en que Valerie quiso dejar el colegio para ayudarle a pagar la factura de la luz. "No te juzgué por irte", dijo Ray. "Pensé que eras demasiado pequeño para el trabajo. ¿Pero volver para extorsionar a las mujeres que construí? Eso, lo juzgo."
Valerie se levantó. "Te irás sin nada. No porque no podamos permitírnoslo, sino porque no habéis ganado ni un céntimo de nuestras vidas. Si vas a la prensa, publicaremos los documentos que demuestran que vendiste a tus hijos por cinco mil. Tú decides."
