Una sencilla fotografía familiar de 1872 ocultaba un detalle que nadie había notado durante generaciones.

Sin embargo, la fotografía en la época victoriana funcionaba de manera muy diferente. Los largos tiempos de exposición requerían que los sujetos permanecieran inmóviles, y los fotógrafos a menudo utilizaban soportes o ajustaban las posiciones para evitar el movimiento.

Estos métodos a veces producían efectos visuales extraños. Podían aparecer fácilmente formas borrosas, figuras superpuestas o extremidades desalineadas, especialmente al observarlas a través de una lente moderna.

Los expertos sugieren que la “mano extra” probablemente sea solo una ilusión. Podría pertenecer a la madre o a la hija, distorsionada por el ángulo, la iluminación o los pliegues de la tela.

En definitiva, la imagen nos recuerda lo fácil que es engañar a la percepción. Lo que al principio parece misterioso suele tener una explicación sencilla, pero la curiosidad que despierta mantiene viva la fotografía incluso después de 150 años.

 

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