Sin embargo, la fotografía en la época victoriana funcionaba de manera muy diferente. Los largos tiempos de exposición requerían que los sujetos permanecieran inmóviles, y los fotógrafos a menudo utilizaban soportes o ajustaban las posiciones para evitar el movimiento.
Estos métodos a veces producían efectos visuales extraños. Podían aparecer fácilmente formas borrosas, figuras superpuestas o extremidades desalineadas, especialmente al observarlas a través de una lente moderna.
Los expertos sugieren que la “mano extra” probablemente sea solo una ilusión. Podría pertenecer a la madre o a la hija, distorsionada por el ángulo, la iluminación o los pliegues de la tela.
En definitiva, la imagen nos recuerda lo fácil que es engañar a la percepción. Lo que al principio parece misterioso suele tener una explicación sencilla, pero la curiosidad que despierta mantiene viva la fotografía incluso después de 150 años.
