El pasado viernes fue nuestro primer aniversario de boda.
Aaron se lo había dado todo.
Las velas brillaban por todo el comedor.
Mi música favorita sonaba suavemente de fondo.
El olor a ajo y romero llenaba la casa.
Por primera vez en meses, me sentí completamente en paz.
"¿Servir el vino?" preguntó Aaron con una sonrisa.
"Por supuesto."
"Voy a cambiarme a algo mejor."
Me besó la frente y se dirigió al dormitorio.
Le vi desaparecer por el pasillo.
Luego cogí la botella de vino y seguí unos minutos después.
Ahí fue cuando todo cambió.
La puerta del dormitorio no estaba completamente cerrada.
Al acercarme, escuché a Aaron hablando por teléfono.
Su voz sonaba diferente.
Más abajo.
Cuidado.
Casi secreto.
Me quedé paralizado.
"Sí, tío", dijo.
Luego se rió suavemente.
"Le he estado engañando desde el colegio."
Se me detuvo el corazón.
Mis dedos se apretaron alrededor de la botella de vino.
¿Qué?
continuó Aaron.
"No tiene ni idea."
No podía respirar.
¿No tienes ni idea de qué?
Luego llegó la frase que casi me destrozó.
"Esta noche por fin haré lo que planeé."
Casi me fallan las rodillas.
El pasillo parecía girar a mi alrededor.
Durante quince años confié en este hombre.
Durante quince años construí todo mi futuro alrededor de él.
Y ahora estaba de pie frente a una puerta escuchándole confesar que me había estado engañando todo este tiempo.
