Lucas miró el dinero como si fuera a desaparecer si parpadeaba demasiado.
Luego me abrazó fuerte.
"Gracias, mamá."
Le besé la cabeza.
"No", susurré. "Gracias."
"¿Por qué?"
"Por recordar a todos cómo es realmente la integridad."
Unos días después, Lucas le compró a Ivy su casa de muñecas.
También me compró la bufanda roja.
Y con el dinero que sobra...
Se compró el telescopio.
Algunas noches todavía lo encuentro fuera mirando el cielo invernal a través de él mientras la nieve cae silenciosamente a su alrededor.
Y cada vez, pienso en algo importante:
El mundo acabará enseñando a nuestros hijos lecciones difíciles.
Pero a veces...
Es nuestro trabajo como padres asegurarnos de que esas lecciones no destruyan primero la bondad que llevan dentro.
