La sala del tribunal estaba llena el día que todo se derrumbó.
Adrian llegó sonriendo con confianza.
Celeste vestía de blanco.
Su madre llevaba perlas.
Pensaban que iban a asistir a mi funeral.
En cambio, se metieron en la suya.
Mi abogada, Diana Cross, se puso de pie con gracia y me hizo una pregunta sencilla:
"Señor Vale, ¿ocultó usted a sabiendas su infertilidad a su esposa mientras le permitía someterse a procedimientos médicos innecesarios?"
Adrian apretó la mandíbula.
"Los médicos cometen errores."
Diana pulsó un mando a distancia.
La pantalla del tribunal se iluminó con su informe médico.
Un suspiro estalló en la sala.
Su madre palideció.
Celeste miró a Adrian como si ya no le conociera.
Luego llegaron los registros bancarios.
Los traslados ocultos.
Las empresas pantalla.
Y por último...
… La grabación de la clínica.
La voz de su madre resonó por los altavoces de la sala:
"No le enseñes a Mara el informe de fertilidad. Es más fácil de controlar cuando cree que está defectuosa."
Celeste susurró con voz temblorosa:
"¿Adrian...?"
Pero Adrian no dijo nada.
Porque en ese preciso momento...
… Las puertas de la sala se abrieron.
Y el capitán Hayes entró.
Traje oscuro.
Medallas militares reluciendo.
Bastón golpeando suavemente el mármol.
Toda la sala cambió.
Los reporteros se pusieron en pie al instante.
Incluso el abogado de Adrian parecía aterrorizado.
Diana se giró hacia él con calma.
"Por favor, indique su nombre legal para el registro."
Su voz era firme.
"General Elias Alexander Thorn."

