Esperaban orientarme para firmar documentos y aceptar vender la propiedad. Les permití repetir sus argumentos pulidos. Entonces les dije con calma que había visitado a un abogado y a un médico.
"Mis asuntos están completamente organizados", dije. "Nadie tiene autoridad sobre mis propiedades excepto yo. Esta casa no está en venta. Me quedaré aquí todo el tiempo que yo quiera."
Sloane lo entendió de inmediato. La vi buscar otro ángulo, pero Harriet y yo no dejamos ninguno.
Wyatt reaccionó más despacio.
Por un breve momento, vi vergüenza en su rostro. Era la expresión del niño que recordaba del taller.
Entonces su ira se apoderó de ella.
Me acusó de ser egoísta. Dijo que me importaba más una casa antigua que mi familia. Sloane me llamó terco e irrazonable.
Sus palabras ya no podían asustarme.
Poseía la escritura, el informe médico, la protección legal y mi mente clara. Cuando terminaron, les dije que se fueran.
Antes de que Wyatt se marchara, le detuve.
"Te he amado desde el día en que naciste", dije. "Por eso mismo no te permitiré hacer esto. Llevarte mi casa te dañaría más a ti que a mí."
Le dije que mi puerta siempre estaría abierta, pero que solo podía entrar como mi nieto—no como alguien esperando beneficiarse de mi d3ath. No dijo nada. Vi cómo su coche desaparecía por la carretera, sabiendo que había protegido mi propiedad pero quizá había perdido a la única familia que me quedaba.
