El día que llegaron sus familiares
Tres semanas después, un automóvil se detuvo frente a la casa de Sam.
De él bajaron dos hombres y una mujer.
El más joven caminó directamente hacia la puerta.
—¿Dónde está mi abuela?
—Está descansando.
El hombre lo miró con desconfianza.
—¿Qué haces con ella en tu casa?
Sam explicó la situación.
Pero nadie quiso escuchar.
—¡Quieres su dinero!
—No.
—¡Quieres su casa!
—Tampoco.
—Entonces ¿por qué estás cuidando a una mujer que ni siquiera es tu familiar?
Sam estuvo a punto de responder.
Pero Susan apareció detrás de él.
—Porque alguien tenía que hacerlo.
Todos quedaron en silencio.
