Cuando el sol desapareció más allá del horizonte, David comenzó a tocar suavemente su guitarra.
Las notas flotaban en el aire de la tarde.
Cálido.
Suave.
Esperanzado.
Y por primera vez, entendí realmente algo importante.
Un solo acto de compasión puede parecer pequeño cuando comienza.
Pero la bondad tiene una forma de multiplicarse.
Se extiende de una persona a otra.
De un corazón a otro.
Hasta que, de repente, toda una comunidad cambia.
Todo porque un chico de trece años miró a un compañero de clase en apuros y decidió que ella importaba.
Y al hacerlo, nos recordó al resto que todos lo hacemos.
