AÑOS DE DISTANCIA
Marco terminó primero. Paolo le siguió poco después.
Pero convertirse en piloto comercial requería horas de vuelo, certificaciones, formación interminable.
Por fin llegó la oportunidad: al extranjero.
En el aeropuerto de Ciudad de México, abrazaron fuerte a su madre.
"Volveremos", prometió Marco.
"Cuando lleguemos, serás la primera persona en nuestro avión", añadió Paolo.
Teresa sonrió entre lágrimas.
"No te preocupes por mí. Solo cuidaos."
Y entonces comenzó la espera.
Veinte años.
Veinte años de llamadas que a veces se cortaban a mitad de frase. Notas de voz que reproducía una y otra vez. Las videollamadas aprendió a usarlas con la ayuda de un vecino.
Veinte cumpleaños pasados solo.
Cada vez que oía un avión sobrevolando, salía y miraba hacia arriba.
"Quizá ese sea uno de mis chicos", susurraba.
Su cabello se volvió completamente blanco. Sus pasos se ralentizaron. Pero la esperanza nunca la abandonó.
