El Proyecto Secreto
A la mañana siguiente, mamá se llevó en silla de ruedas a su cuarto de costura.
Oí cajones abrirse.
Cajas raspando.
Perchas deslizándose por la barra del armario.
Cuando entré, ella estaba sentada en su silla de ruedas con un bloc de dibujo sobre las piernas.
"¿Qué estás haciendo?" Pregunté.
"Diseñando", dijo.
"Mamá, por favor."
Ignorándome por completo, levantó el boceto.
El vestido era precioso.
Tenía un corpiño ajustado, mangas delicadas, una falda fluida y una banda de seda alrededor de la cintura.
"Necesita moverse", dijo. "Caminas demasiado rápido cuando estás nervioso."
La miré fijamente.
"No me vas a hacer un vestido de graduación."
"Ya lo estoy."
"No tenemos tela."
Sonrió.
"Yo me encargo."
Debería haber discutido más.
Debería haber hecho preguntas.
Pero en ese momento, parecía viva.
Dos días después, la seda esmeralda apareció sobre su mesa de costura.
Era la tela más hermosa que había visto nunca.
Verde intenso.
Blanda como el agua.
Casi brillando bajo la luz.
"¿De dónde has sacado esto?" Pregunté.
"Un hallazgo afortunado."
"Mamá..."
Apartó la mirada.
"Déjame tener mis secretos."
Entonces no sabía que había vendido el collar de esmeraldas de su madre.
Fue lo último que la abuela le dejó.
Mamá solo lo llevaba en ocasiones especiales.
Cuando era pequeña, solía dejarme sujetarla con cuidado.
"Algún día", me dijo una vez, "esto será tuyo."
Pensé que simplemente lo había guardado en un lugar seguro.
Me equivoqué.
