Parte 3: La verdad detrás del marido desaparecido
El detective Kellan empezó inmediatamente a hacer llamadas.
Le observé moverse por mi comedor con la calma de quien ha pasado años resolviendo problemas de los que la mayoría huye.
Pero podía ver algo detrás de ese profesionalismo.
Preocupación.
Miedo.
Las rosas lo habían cambiado todo.
Solo unas horas antes, estaba de pie en mi cocina, sonriendo porque pensaba que mi marido me había enviado una sorpresa romántica.
Ahora mi casa era tratada como una escena del crimen.
Las mismas flores que me habían hecho sentir querido estaban sobre mi mesa del comedor como pruebas.
Como una advertencia.
El agente Ramírez se quedó conmigo en el salón mientras el detective Kellan y el agente Voss examinaban el ramo.
No dejaba de mirar el móvil.
Esperando.
Esperando.
Cada pocos minutos, miraba la pantalla.
Nada.
Ninguna llamada.
Sin mensaje.
Sin explicación.
Daniel nunca había desaparecido así.
Incluso durante sus viajes de trabajo más ajetreados, siempre se ponía al día.
A veces solo era un mensaje rápido.
"La reunión se alargó. Llamaré esta noche."
A veces era una foto de una habitación de hotel o un restaurante que había encontrado.
Cosas pequeñas.
Pequeños recordatorios de que, incluso cuando estaba lejos, seguía conectado conmigo.
Pero ahora no había nada.
Y ese silencio pesaba más que cualquier otra cosa.
"Señorita Shaw", llamó el detective Kellan desde el comedor.
Me levanté inmediatamente.
"¿Qué pasa?"
Me miró detenidamente.
"El viaje de negocios de tu marido. ¿Dijiste que se fue el lunes por la mañana?"
"Sí."
"¿A dónde dijo que iba?"
"Chicago."
"¿Y te dijo cuánto tiempo?"
"Una semana."
El detective Kellan asintió.
"¿Hablaste con él después de que llegó?"
Dudé.
"Sí."
"¿Cuándo?"
"Lunes por la tarde."
"¿Qué ha dicho?"
Cerré los ojos, intentando recordar cada detalle.
