Coloca los cuencos en la cesta, dejando suficiente espacio alrededor para que circule aire caliente.
Hornea entre 5 y 7 minutos.
Observa bien los últimos minutos.
El queso debe estar completamente derretido, burbujeando y adquiriendo un bonito color dorado.
Los bordes se vuelven ligeramente crujientes mientras que el centro permanece perfectamente fibroso.
Eso es precisamente lo que hace que esta sopa sea tan irresistible.
¿Cómo sabes que la sopa está lista?
La superficie debe estar completamente cubierta por una corteza dorada.
El queso debería burbujear ligeramente.
Cuando mojas la cuchara, primero pasa por el gratinado de queso antes de descubrir el pan remojado en caldo y después las cebollas derretidas.
Cada bocado debe ofrecer varias texturas: la crujiente del queso, la suavidad del pan y la dulzura de la cebolla.
